Las familias tucumanas atraviesan una severa crisis de sobreendeudamiento motivada por el desfasaje entre el costo de vida y los ingresos salariales. Según un estudio elaborado por los especialistas Raúl y Andrés Ostengo, de Recupero Crediticio by Ostengo, los hogares formales de la provincia destinan en promedio el 24,1% de sus haberes mensuales únicamente a cancelar saldos mínimos de tarjetas, cuotas e intereses. El informe remarca además que la deuda acumulada llegó a un pico equivalente a 2,5 salarios por hogar, configurando un escenario de “default por subsistencia” donde el crédito se utiliza para cubrir gastos cotidianos y canasta básica.
El diagnóstico advierte que Tucumán exhibe la peor relación del país entre gastos esenciales e ingreso disponible. Mientras que el alquiler de una vivienda familiar y la canasta básica suman $1.562.101 mensuales, el salario neto promedio se ubica en $983.566, generando un déficit estructural de $578.535 que empuja a los vecinos a recurrir al financiamiento. Esta situación golpea con particular fuerza a los empleados del sector público y a la economía informal —que en la provincia alcanza el 51,5% de la población activa—, dejando a miles de trabajadores fuera del sistema bancario tradicional y arrojándolos a la órbita del crédito no bancario, fintechs o prestamistas con tasas efectivas que superaron el 150%.
La morosidad en el sector no bancario trepó al 26,9%, con un indicador crítico del 34,1% en préstamos personales y del 44,3% en compras de electrodomésticos a plazos. Aunque la inflación mensual mostró una desaceleración en los últimos meses, las elevadas tasas de referencia nominales hacen que las cuotas fijas asumidas anteriormente resulten cada vez más pesadas en términos reales. Desde el sector analista concluyen que, con casi un cuarto de la masa salarial ya comprometida, el margen para seguir sosteniendo el consumo a base de endeudamiento familiar se encuentra totalmente agotado.
Fuente Enterate


