Las proyecciones elaboradas por los especialistas internacionales indican que existe una probabilidad cercana al 100% de que este episodio de alteración climática sostenga su impacto durante el período estival del hemisferio sur. En este sentido, las mediciones en el océano Pacífico ecuatorial centrooriental registraron anomalías térmicas semanales de entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima de los promedios históricos. De esta manera, las autoridades ambientales declararon la entrada del planeta en una fase de riesgo extremo.
El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó la magnitud del evento como «gigantesca», remarcando que el calentamiento de las capas subsuperficiales superó en más de 8 °C la media habitual en determinadas áreas. Asimismo, la directora de la OMM, la argentina Celeste Saulo, instó a los gobiernos a preparar planes de contingencia para proteger la producción agrícola, los sistemas de agua potable, las redes energéticas y la salud pública.
Emergencias internacionales y consecuencias climáticas globales
Los efectos perjudiciales del fenómeno ya obligaron a naciones como Panamá, El Salvador y Ecuador a decretar el estado de emergencia o alerta roja ambiental. De hecho, la sequía provocada por la alteración de los vientos redujo significativamente la capacidad de tránsito de embarcaciones en el Canal de Panamá. En consecuencia, las perturbaciones en las cadenas de suministros globales y en los mercados de materias primas comenzaron a manifestarse.
Además, si bien El Niño constituye una oscilación natural que se presenta en lapsos de dos a siete años, la comunidad científica ratificó que su coincidencia con el calentamiento global agravará la frecuencia de sequías extremas en la Amazonía o Australia e inundaciones destructivas en la franja tropical. En consecuencia, el calor retenido en las masas oceánicas mantendrá la temperatura media del planeta en niveles récord.
Fuente Enterate


