El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona retomó su actividad este jueves marcando el inicio de la etapa de los defensores, luego de que la parte acusadora diera por finalizada su producción de pruebas. La jornada estuvo marcada por un giro inesperado: la décima declaración del neurocirujano Leopoldo Luque.
Inicialmente, el equipo legal de Luque había anunciado la comparecencia de su perito de parte, Antonio José Maya. Sin embargo, a última hora informaron que el especialista necesitaba más tiempo para revisar el informe de 170 páginas, por lo que el propio imputado tomó la palabra. Esta decisión generó evidente malestar en los fiscales Cosme Iribarren y Patricio Ferrari, quienes durante cinco meses debieron adelantar sus testigos con 24 horas de anticipación.
Críticas a la Junta Médica: «Había un paciente en vida y otro después de la muerte»
Durante su ampliación de indagatoria, Luque centró su estrategia en desestimar las conclusiones de los peritos oficiales.
«Se dejó entrever que hay un paciente después de la muerte y pareciera haber otro en vida. El paciente que describen los peritos de la Junta no es el que nosotros teníamos», argumentó el médico ante los jueces.
El imputado refutó el diagnóstico de insuficiencia cardíaca, hepática y renal múltiple presentado por la Junta Médica. Aseguró que, en vida, los estudios cardiológicos y los valores de creatinina de Maradona arrojaban resultados normales. «La Junta saca estas conclusiones porque tienen la autopsia, las historias clínicas y un diagnóstico fijado. Entonces empiezan a ver qué puede confirmar eso», cuestionó.
«No me sentía útil»
En otro tramo de su exposición, el neurocirujano se refirió a su vínculo personal y profesional con el exfutbolista. «Jamás imaginé el final que tuvo, ni se me cruzó por la cabeza. Yo lo quería infinitamente», expresó.
No obstante, admitió sentirse limitado profesionalmente frente al cuadro de fondo de Maradona: la adicción al alcohol. Luque declaró que carecía de las herramientas necesarias para tratar esa patología. «Acá me nombran como médico de cabecera. Pero mi única utilidad real es que él confiaba en mí. Para mí era frustrante no poder ayudarlo, por eso yo no quería participar más de eso. No me sentía útil», detalló.
Respaldo al resto de los imputados
A instancias de las preguntas de su defensor, Francisco Oneto, Luque delimitó su rol dentro de la cuestionada internación domiciliaria. Aclaró que su responsabilidad se limitaba al seguimiento neuroquirúrgico y que actuaba como «mediador» por el nivel de acceso que tenía a la habitación del paciente, pero negó estar a cargo del equipo.
Finalmente, respaldó el accionar del resto de los profesionales de la salud involucrados en la causa: «Yo no vi a ningún profesional haber hecho algo malo, todo lo contrario. Todos estudiamos para ayudar al paciente. Creo que ninguno tuvo mala intención. Siento que todos hicimos lo mejor que pudimos».
Fuente Enterate


