
El descubrimiento quedó incorporado al proyecto Arqueoandes, integrado por investigadores argentinos y españoles que estudian cómo las sociedades del pasado ocuparon y transformaron los ambientes de alta montaña de los Andes.
“No hay antecedentes ni en notas ni en publicaciones. Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza”, explicaron Cristina Prieto-Olavarría, arqueóloga e investigadora del IANIGLA-CONICET y directora del proyecto, y el codirector Horacio Chiavazza.
Qué podría esconder la estructura encontrada en los Andes
La comparación con las famosas Líneas de Nazca, en Perú, aparece inevitablemente por la posibilidad de que las construcciones formen un geoglifo que adquiere sentido al ser observado desde las alturas. Sin embargo, los especialistas todavía no confirmaron que el sitio mendocino tenga esa naturaleza.
Las primeras exploraciones también aportaron una pista importante. En el relevamiento inicial no aparecieron cerámicas, restos de alimentos ni otros materiales en superficie que permitan pensar que allí existió un asentamiento permanente.
Ante esa ausencia, los investigadores estudian la posibilidad de que el lugar haya cumplido una función ritual o simbólica. Otra de las hipótesis que deberá investigarse es una eventual vinculación con el período incaico.
De comprobarse esa relación, el sitio podría aportar nuevas pistas sobre la forma en que las sociedades andinas utilizaron la alta montaña y se relacionaron con el paisaje. Para los incas, determinados caminos, montañas y elementos naturales podían adquirir un importante valor simbólico y ceremonial.


