Con la reelección de Javier Milei como objetivo central de la gestión, el Gobierno nacional profundizó en los últimos días su acercamiento a los gobernadores provinciales, que vuelven a ocupar un lugar central en el armado del poder. Dos fotos grupales en poco más de una semana -en la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete y en los actos del 9 de Julio en Tucumán- reflejan un cambio de tono respecto a una relación que hasta ahora estuvo marcada por idas y vueltas constantes.
El fin de la etapa Adorni y un nuevo clima en el Gobierno
En el oficialismo se percibe un aire renovado después de haber dado vuelta la página que tuvo como protagonista al exvocero Manuel Adorni. Las reuniones de mesa política y de Gabinete volvieron a la normalidad, con funcionarios que retomaron el lenguaje de la gestión y los proyectos, luego de semanas de un clima interno tenso. En ese contexto se consolidó una definición que ordena toda la estrategia oficial: la reelección presidencial pasó a ser la variable que subordina tanto las decisiones económicas como el armado electoral de La Libertad Avanza.
PASO, colectoras y la reforma electoral
El eje de la negociación con los gobernadores pasa por la reforma electoral, en particular por la eventual suspensión de las PASO y por el esquema de «colectoras» para las listas legislativas. Según un relevamiento del politólogo Pablo Salinas, apenas siete provincias mantienen vigentes las primarias -Buenos Aires, CABA, Catamarca, Chaco, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe-, de las cuales cinco ya las suspendieron en 2025. El Gobierno asume que no cuenta con los votos suficientes en el Senado para eliminarlas de manera definitiva, por lo que giró su estrategia hacia una nueva suspensión.
Distinto es el caso de las colectoras, un mecanismo que permitiría a un candidato presidencial «colgar» debajo de su boleta distintas listas legislativas aliadas, que luego se reparten bancas por el sistema D’Hont. Como resume un gobernador consultado por la prensa nacional: «al peronismo le sirven más las PASO porque necesita ordenar arriba, definir su candidato a presidente; en cambio a LLA le resultan más útiles las colectoras, porque le posibilitan ordenar abajo, en el tramo legislativo».
Un sistema «confederal», según los politólogos
El politólogo Marcelo Leiras definió al actual esquema de poder como un sistema «confederal»: desde hace años los gobiernos nacionales no cuentan con mayorías propias en el Congreso ni controlan políticamente un conjunto amplio de provincias, lo que los obliga a gestionar alianzas permanentes con los mandatarios provinciales. Esas alianzas, que antes se articulaban a través de los partidos nacionales, hoy pasan directamente por los gobernadores, que ganaron una autonomía inédita. Como señala el politólogo Andrés Malamud, «se produjo una desnacionalización de los partidos nacionales, y ahora todos los partidos son provinciales, con excepción de LLA».
Al mismo tiempo, los jefes territoriales enfrentan dificultades económicas estructurales, ya que son pocos los distritos que se autoabastecen y la mayoría depende de los fondos nacionales. Leiras llama a este fenómeno «la paradoja de las debilidades cruzadas»: las provincias tienen gran autonomía política, pero una fuerte subordinación fiscal a la Nación, un desequilibrio que se explica en parte por la reforma constitucional de 1994 -que les otorgó a las provincias el control de los recursos naturales- y por la nunca actualizada ley de coparticipación de 1988.
Menos fondos y más necesidad de acuerdos
Según datos de la consultora Politikon Chaco, los giros a las provincias tuvieron un descenso del 5,3% en el primer semestre de 2026 respecto del mismo período de 2025, producto de una caída del 2,8% en las transferencias automáticas y de un 61,8% en las discrecionales; en valores constantes, unos $2.000 millones menos. Ese contexto de ajuste fiscal profundiza la necesidad de las administraciones provinciales de acordar con la Nación, en momentos en que el ministro de Economía, Luis Caputo, redobla los anuncios para garantizar el pago de la deuda de este año y del próximo.
La desconfianza que persiste
Pese al nuevo tono dialoguista, el vínculo sigue atravesado por recelos mutuos. «A vos te parece que podemos avanzar en un acuerdo así, cuando Milei ni siquiera nos dedicó media hora para hablar la otra noche en Tucumán», se quejó un gobernador aliado ante la prensa, en referencia al fugaz paso del Presidente tras los actos del 9 de Julio, en los que reunió a trece mandatarios provinciales. El propio Milei tampoco se acercó a saludar a los gobernadores el día de la asunción de Santilli como jefe de Gabinete, un gesto que varios interpretaron como una señal de las limitaciones reales de este nuevo acercamiento.
Politólogos consultados coinciden en que el resultado es, por ahora, un acuerdo tácito, sin nada escrito ni formalizado, atravesado por necesidades compartidas y desconfianzas mutuas: ni el oficialismo cuenta con mayorías propias en el Congreso, ni los gobernadores tienen margen para gobernar sus provincias sin cierto entendimiento con la Casa Rosada. Ese delicado equilibrio de debilidades cruzadas es, hoy por hoy, el verdadero cimiento de la gobernabilidad nacional de cara a las elecciones de 2027, con Tucumán como uno de los distritos donde ese pulso se sigue con particular atención.
Fuente: Tucumán 24 Horas / La Nación


