La ficción dirigida por Pablo Larraín y basada en los cuentos de Mariana Enriquez revive uno de los episodios policiales más oscuros de la Argentina: el secuestro y asesinato de Matías Berardi en 2010.
El terror a veces no requiere de monstruos sobrenaturales; basta con la ruptura de los vínculos sociales y la indiferencia ante la tragedia. Esta es la premisa que atraviesa «Mis muertos tristes», la nueva serie de Netflix protagonizada por Mercedes Morán y Dolores Fonzi, bajo la dirección de Pablo Larraín. La ficción, basada en el cuento homónimo del libro Un lugar soleado para gente sombría de la escritora Mariana Enriquez, tiene su génesis en un caso policial real que conmocionó a la Argentina hace exactamente 16 años: el brutal asesinato de Matías Berardi.
La pesadilla de Matías, un adolescente de 16 años, comenzó la noche del 27 de septiembre de 2010. Tras asistir a una fiesta de egresados en el boliche Pacha, en la Costanera Norte porteña, regresaba hacia su casa en una combi contratada por sus padres. Al bajar en el cruce de la Panamericana y la Ruta 26, a minutos de llegar a su hogar en Ingeniero Maschwitz, fue interceptado por una banda criminal.
Los secuestradores lo mantuvieron cautivo en una herrería de Benavídez (propiedad del líder de la banda, Richard Fabián Souto) y comenzaron las llamadas extorsivas a la familia. Primero exigieron un rescate de 1.000 pesos y luego elevaron la cifra a 30.000.
El escape, las puertas cerradas y el trágico final
El detalle que marcó a fuego a la sociedad y que inspiró directamente la obra literaria de Enriquez ocurrió tras 14 horas de cautiverio. Matías aprovechó un descuido de sus captores y logró escapar. Corrió desesperado por las calles del barrio, trepó rejas, golpeó puertas y pidió ayuda a los gritos advirtiendo que estaba secuestrado. Incluso intentó subir a un remís, pero el chofer aceleró pensando que el joven quería asaltarlo. Nadie le creyó. Nadie le abrió la puerta.
Esa desconfianza vecinal selló su destino. Los secuestradores lo alcanzaron a las pocas cuadras y, para evitar que los vecinos intervinieran, gritaron que Matías era un ladrón. Volvieron a capturarlo, lo subieron a un vehículo y lo trasladaron a un descampado en Campana, donde lo ejecutaron de un disparo por la espalda. El caso culminó años después con cinco integrantes de la banda condenados a prisión perpetua.
De la crónica roja al streaming
En la ficción, el fantasma del joven regresa para materializar la culpa de aquellos vecinos que, aquella noche, decidieron ignorar sus gritos de auxilio.
«Me había sorprendido mucho el secuestro y posterior asesinato de un chico que se llama Matías Berardi, porque él, cuando logra escaparse, toca la puerta en todo ese barrio donde estaba huyendo para que le abran, y nadie le abrió», reflexionó Mariana Enriquez recientemente. «Ese chico es un fantasma de ellos. La dimensión sobrenatural me sirve a mí para remarcarlo y para darle materialidad a esa culpa, a ese trauma», sentenció la autora.
Fuente Enterate


