Una vida dedicada a la docencia y los viajes
Raúl Alfredo Moyano, de 59 años, nació en Río Seco, departamento Monteros, y construyó gran parte de su trayectoria profesional en la provincia de Río Negro. Fue maestro, director, coordinador y supervisor escolar. Aunque se jubiló hace pocos meses, seguía buscando nuevas actividades laborales y proyectos personales. Entre sus pasiones estaban los viajes, la fotografía y las caminatas por senderos cordilleranos.
Su historia comenzó en el sur tucumano, donde estudió en la Escuela Normal y se recibió de maestro. Poco después de cumplir 20 años, se trasladó a la Patagonia en busca de oportunidades. Allí trabajó en distintos rubros antes de iniciar una carrera docente que lo llevó por escuelas de Cipolletti, Cinco Saltos y localidades rurales de Río Negro. También se desempeñó en una escuela albergue de El Manso, fue director en Pilcaniyeu y llegó a ocupar el cargo de supervisor escolar.
Un padre presente y una personalidad inquieta
Su hija, Suyay Moyano, lo recuerda como un hombre activo, organizado y siempre dispuesto a encarar nuevos desafíos. Raúl también es padre de Matías, de 32 años, y, pese a las distancias que marcaron su vida laboral, procuraba compartir tiempo con sus hijos y mantener el vínculo familiar.
Hace aproximadamente una década pidió el traslado a Bariloche, atraído por la cercanía con la naturaleza. Allí consolidó una rutina que combinaba trabajo, actividad física y salidas a la montaña. Con Liliana Tunkiewiez, su pareja desde hace ocho años, compartía viajes por la Patagonia y visitas a Tucumán. Ella vivía en Cipolletti mientras él trabajaba en distintas localidades, por lo que organizaban encuentros durante los fines de semana, las vacaciones y los feriados largos.
La montaña, una de sus grandes pasiones
El trekking ocupaba un lugar central en su vida. Cuando tenía tiempo libre, preparaba la mochila y recorría senderos, cerros y lagunas de altura. También hacía gimnasio y andaba en bicicleta. Según contó su pareja, era una persona precavida: llevaba agua, frutas, cereales y ropa de recambio, y organizaba sus recorridos con mapas o croquis.
“Es muy mental y precavido. No es que agarra agua y se va”, explicó Liliana al recordar sus hábitos. Esa experiencia en la montaña es uno de los aspectos que hoy generan interrogantes entre sus allegados, mientras continúa la búsqueda para determinar qué ocurrió durante su caminata en el cerro Ñuñorco.
Los proyectos que tenía después de jubilarse
En mayo, Moyano cerró formalmente su etapa como docente, pero no tenía previsto dejar de trabajar. Había conseguido tareas administrativas en una delegación de la Mutual del Magisterio en Bariloche y evaluaba otras alternativas para generar ingresos. Entre sus planes estaba cambiar su Fiat Cronos para realizar traslados o repartos, una actividad vinculada con los viajes compartidos a Chile que había organizado durante años.
También analizaba qué hacer con un terreno en Cipolletti. Junto a Liliana había considerado construir allí, venderlo o mudarse a El Bolsón. “Es una persona muy buena. Si te tiene que ayudar, te va a ayudar”, lo describió su hija, al destacar su predisposición para acompañar a los demás.
El último mensaje desde el cerro Ñuñorco
Moyano nunca perdió el vínculo con Tucumán. Tras la muerte de su madre, regresó a la provincia para participar de una misa en su memoria y se instaló en la casa familiar de Río Seco. El lunes 12 de octubre acompañó a su hermano José y a su cuñada hasta El Mollar, donde la pareja construye una pequeña vivienda. Mientras ellos realizaban algunos arreglos, Raúl decidió salir a caminar.
Cerca de las 11 comenzó el ascenso al Ñuñorco. Durante varias horas envió fotografías, audios y mensajes. Según la denuncia policial, a las 17.20 todavía estaba en la montaña. En sus comunicaciones le habló a Liliana sobre la niebla y le advirtió que “el camino estaba cerrado”. Cuando la tarde avanzaba y la preocupación crecía, ella volvió a escribirle: “¿Todavía estás ahí?”. La última respuesta de Raúl fue breve: “Bajo”. No volvió a comunicarse. Al día siguiente, su familia supo que se había desplegado un operativo de búsqueda con rescatistas, drones, helicópteros y baqueanos. Desde entonces, sus seres queridos esperan novedades mientras recuerdan al docente, al padre presente y al hombre que encontraba en la naturaleza una de sus mayores alegrías.
Fuente Enterate


