Durante la tercera jornada del juicio por el crimen de Érika Antonella Álvarez, el médico forense Javier de Moreno detalló ante el tribunal que la causa del deceso respondió a un severo traumatismo craneofacial y cervical provocado por un impacto de alta energía, desestimando las objeciones planteadas por la defensa del único imputado, Felipe “El Militar” Sosa.
El informe de la autopsia, la mecánica del ataque y las pericias del ECIF
El especialista integrante del Equipo Científico de Investigación Fiscal (ECIF), quien intervino en el hallazgo del cadáver en el descampado de Manantial Sur y realizó la posterior necropsia, precisó la existencia de múltiples hematomas, una luxación mandibular y fracturas en las vértebras cervicales C2 y C3. En este sentido, De Moreno explicó que las lesiones fueron producidas mientras la víctima permanecía con vida, siendo compatibles con una fuerza súbita combinada con la hiperextensión del cuello y movimientos de aceleración y desaceleración que provocaron una falla neurológica irreversible. «Estimamos que la muerte se produjo aproximadamente 36 horas antes del hallazgo», aseveró el perito, cuya exposición fue ratificada en la sala por los médicos Ana Ruiz y Alejandro Escobedo Paz. De esta manera, la fiscalía consolidó la acusación médica y científica.
Los planteos de la defensa de «El Militar» Sosa y las próximas audiencias
Los abogados defensores Marcelo Cosiansi y Rubén Flores manifestaron su disconformidad con las conclusiones presentadas por los médicos del Ministerio Público Fiscal. En este sentido, la representación técnica de Sosa anticipó que presentará los informes de sus propios peritos de parte para controvertir la causa de la muerte e intentar desacreditar la mecánica del ataque: «Los testimonios dejaron muchas dudas y tenemos que escuchar a nuestros profesionales de primera línea para evaluar las conclusiones», argumentaron los letrados.
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